PROTEGER LA AMAZONIA Y NUESTRO MUNDO: ASEGURAR LA VIDA, EL BIENESTAR Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS INFANCIAS

¿Qué mundo le estamos legando a los niños y niñas? ¿Cómo nos hacemos cargo como Estados, sociedad civil, empresarios, como ciudadanos/as, como educadores/as de los compromisos asumidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible? ¿Nuestra generación será capaz de “dar satisfacción de las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras[1]?

Estas preguntas irrumpen diariamente, pero hieren más cuando acontecen catástrofes y tragedias como los incendios que, en estos días, se desarrollan en la Amazonía.

Aunque se quiera negar, estamos constatando que las formas que adopta el capitalismo actual resultan incompatibles con la vida en el planeta, lo que se evidencia en las problemáticas ambientales que afectan e involucran a la vida natural y a los seres humanos, agudizando así los dolores de la pobreza, las desigualdades y las injusticias debidas a la negación o menoscabo de los más básicos derechos humanos. Este sistema socioeconómico y político está basado en la acumulación, la concentración, el dominio de unos pocos y la privatización cada vez mayor de los bienes comunes, como es el caso de la Amazonia, que es parte de algunos países, pero patrimonio de toda la humanidad. Con este incendio, el sistema mundial nos muestra claramente que la naturaleza y las sociedades ya no pueden soportar este modelo inhumano, injusto e insensible a la vida sin atravesar enormes riesgos para la supervivencia.

Con estupor, seguimos asistiendo a las consecuencias perjudiciales de la ruptura de ecosistemas debido a la depredación constante y la codicia desmedida e irresponsable de ciertos grupos económicos que hacen un uso no sostenible de los recursos naturales, una gestión irracional de sustancias químicas y desechos -acumulación de los residuos sin tratar – desarrollando prácticas de deforestación a gran escala, haciendo crecer exponencialmente el agronegocio y las prácticas mineras, desarrollando urbanizaciones sin planificación, y generando un consumo desmedido, entre otros males.

Los daños ambientales tienen repercusiones negativas para la vida, tanto directas como indirectas, pero también sobre el disfrute efectivo de todos los derechos humanos. Todos y todas tenemos el derecho de vivir en un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible y en especial los niños y niñas que están naciendo y creciendo, lo que ha sido consagrado por el principio de interés superior plasmado en la Convención sobre los Derechos del Niño, hace 30 años.

No se pueden seguir negando o minimizando las repercusiones en el futuro de la vida y en los derechos humanos que tienen los daños ambientales, ya que afectan a personas y comunidades de todo el mundo, aunque sus consecuencias se dejan sentir con más fuerza en los grupos poblacionales más sensibles, como los niños y niñas pequeños o los adultos mayores.

Desde su creación hace mas de 70 años, la OMEP está comprometida con la protección y promoción de los derechos humanos y con la Educación para el Desarrollo Sostenible desde la Primera Infancia. Por ello, urgimos a los gobiernos a que asuman sus compromisos y obligaciones con el cuidado de la vida y del hábitat de tantas especies y seres, incluidos los humanos.

Los Estados deben asumir solidariamente las medidas necesarias para cumplir con los compromisos asumidos en las Naciones Unidas y en las legislaciones de cada uno de los países.

Hoy es URGENTE:

  • extinguir los incendios en curso, evitando que se inicien nuevos incendios, protegiendo la biodiversidad de la Amazonía;
  • prevenir, evitar y castigar severamente cualquier acción o forma productiva que provoque daños irreparables en los ecosistemas, luchando contra los delitos contra el medio ambiente;
  • mejorar el acceso a la justicia en cuestiones ambientales,
  • fomentar de las capacidades y aumentar los recursos de las comunidades más afectadas (en especial los pueblos originarios que viven en ecosistemas de gran riqueza y altamente amenazados por grandes grupos de intereses económicos);
  • promover la regeneración de los bosques nativos en cada país, alentando la restauración de la biodiversidad;
  • desarrollar progresiva y sostenidamente el derecho al medio ambiente y la protección de los todos los derechos humanos;
  • comprometerse con la educación para el desarrollo sostenible y la Agenda 2030
  • garantizar el logro de los ODS velando prioritariamente por el bienestar presente y futuro de cada uno de los niños y niñas del mundo.

Buenos Aires, 26 de agosto de 2019
Mercedes Mayol Lassalle
Vicepresidenta Regional para América Latina
Organización Mundial para la Educación Preescolar – OMEP

[1] Informe Brundtland, 1987

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